
La fibra utilizada para el relleno de biofiltros proviene del mesocarpio del coco. Es un material muy fibroso, que hay que cribar-el fin de separar las fibras largas, que serán utilizados para biofiltros. Para poder utilizarlo, hay que hidratarlo artificialmente. Este proceso permite al material expandirse de y aumentar la superficie de trabajo.
Producto desarrollado a partir de una mezcla de fibras cortas y muy cortas de coco más un posterior tratamiento en planta para obtener un material capaz de absorber los compuestos odoríferos y otros contaminantes desde la corriente de aire residual. Los microorganismos de vida libre que proliferan de manera natural sobre este material orgánico utilizan como fuente de nutrientes y energía estos compuestos, vía descomposición aerobia.
Este material sufre en nuestra planta un proceso hidratación y una posterior selección mediante cribado, en el que se obtiene una fracción fibrosa con unas características óptimas para su utilización como biofiltro.
Este procesado incrementa el área específica del material y unas condiciones de humedad que permiten una colonización más efectiva del medio por parte de los microorganismos.
Por otra parte, al aumentar el área específica del material del lecho de biofiltración, se potencia la creación de un gradiente de concentración en el biofilm, que mantiene un flujo continuo de masa, desde los componentes del gas hasta el biofilm húmedo.
La fibra de coco es un material extremadamente ligero (111kg / m3) y con una porosidad del 96%.
Por sus propiedades puede ser utilizado en sistemas donde la fibra de coco es el único agente filtrante. Se pueden mejorar sus propiedades, combinándolo con otros materiales como el brezo, que aumentan la esponjosidad. Es un material, con un elevado índice de adsorción de olores.
Para utilizarlo como único agente filtrante, es necesario remover el lecho periódicamente para evitar la compactación.